COMENTARIOS AL BATTONZ KABARET

El sábado 5 de julio a las 8 de la tarde en el Solar Corona pudimos disfrutar gratuitamente del BATTONZ KABARET (http://www.ideadestroyingmuros.info/armsidea/borrador-battonz-kabaret/), un trabajo del grupo de origen italiano IdeaDestroyingMuros. Se trata de un espectáculo de cabaret a partir del Manifiesto SCUM de Valerie Solanas, una artista y activista popular, entre otras cosas, por haber tiroteado a Andy Warhol y a un par de colaboradores.

El Solar Corona es realmente un solar sito en la calle Corona, en el barrio histórico de Valencia, gestionado como centro cultural por vecinas/os y asociaciones del propio barrio (http://solarcorona.wordpress.com). La infraestructura para el espectáculo es precaria, el escenario minúsculo. Las artistas son muy bien recibidas y serán jaleadas, coreadas y aplaudidas a lo largo del trabajo. Se diría que la mayoría del público ya ha visto el Battonz Kabaret. Se trata, pues, de un acto de afirmación identitaria, de una fiesta comunitaria, como un ejercicio de retroalimentación.

El Kabaret empieza con una introducción de una de las chicas a Valerie Solanas y al espectáculo que se va a ver. También nos explica el sentido de la palabra Battonz, una deriva de la palabra italiana “battona”, que se refiere aproximadamente a la prostituta, la seductora.

Las chicas llevan pelucas, algunas de color rosa, otras rubias o negras. Una de ellas lleva largas extensiones de pelo rubio que nacen en sus pezones; otra las lleva rojas y salen de sus axilas; otra turquesa, sobre las manos… La ropa es la propia del cabaret o del mundo de la prostitución, pero sin nada de su glamour: es ropa ajada, raída, que exhibe su rechazo al papel encomendado: el de mujer-objeto. La estética recuerda también a los ámbitos ácratas urbanos: punks, okupas, con una gran carga de agresividad… Llevan chalecos, transparencias, pañuelos, sombreros, gorras…

La música es un conocido fragmento del musical Cabaret que suena en bucle, sobre el que van exponiendo textos propios y fragmentos del Manifesto SCUM, quizás en traducción propia, muy libre y coloquial. El recitado es rítmico, y se va haciendo acompañado de un repertorio gestual coreografiado de carácter sarcástico, paródico de la sexualidad sobrerrepresentada en el Cabaret. A la vez, la falta de espacio impide un uso mayor del movimiento: las actrices están prácticamente inmóviles alrededor de sus sillas, como mucho consiguen intercambiar sus posiciones. Al asistir al Battonz Kabaret no parece que esto sea una incomodidad, y de hecho parte de los espacios en los que se ha presentado no disponían de un escenario “convencional”: bares, talleres de artista… Battonz Kabaret puede adaptarse a cualquier lugar, en el espíritu de la performance. Se trata de un espectáculo escénico de ideas, de texto, de contenido político explícito, y su rechazo a los espacios formales parece ser parte de esta postura iconoclasta.

Las chicas (y su público mayoritario) son jóvenes, quizás en la treintena, lucen bonitos cuerpos, cabellos de colores y tatuajes. Resultan agradables pese a los disfraces, a los rellenos (una de ellas lleva unos exagerados glúteos postizos). Es difícil no empatizar con ellas, con su discurso y con el público que las corea.

En cuanto a ese discurso, también es difícil no identificarse con él, aunque se sea varón, blanco y heterosexual. El texto de Solanas habla sin parar de lugares comunes sobre el patriarcado heterosexual que, si bien siguen muy presentes en nuestra sociedad, no parece ofender a ninguno de los muchos caballeros presentes; se habla de masculinidad dominante sin ambigüedad de género (“unos ojazos para comerte el coño”…), con obsesión por el sexo, homofobia, de parásitos emocionales, que mantienen relaciones de pareja tradicionales-jerárquicas, con diferenciación de roles (“prepárame la cena…”), etc. Se trata de un público cómplice sin distinción de género, seguramente con una formación cultural privilegiada y con una sensibilidad política muy por encima de la media. No se entendería su papel en un espectáculo que les da algo ya sabido si no fuera por la cuestión identitaria a la que se ha aludido un poco más arriba. Que sea algo sabido no significa que no tenga sentido: precisamente esta afirmación colectiva contribuye a la producción de identidad, a su mantenimiento, a veces a su radicalización, a la producción de un nuevo sentido común. Las identidades son ideas vividas, experiencias; se crean a través de la acción y deben ser reinventadas constantemente en la práctica, como entidades dinámicas, no estáticas o cerradas. La participación de las artes (populares o sofisticadas, con discursos explícitos o implícitos…) en la construcción de estas identidades no debe subestimarse.

Por otra parte, muchas de las afirmaciones que se hacen en el manifiesto merecen algunos matices: las referencias al “papá Estado”, por ejemplo, necesitan una discusión cuando el anarcoliberalismo quiere reducir el Estado a la nada. Pero como se dice nos encontramos ante un trabajo de claro carácter identitario, en el que se crean vínculos históricos (autohistoria) y se escenifica una genealogía feminista-queer radical; es decir, en el que un movimiento social estetizado asume la producción artística en su repertorio de acción directa. No es tan importante lo que se dice, el discurso literal, sino cómo y para quién se dice.

Sin embargo, en el arte político suele haber una excesiva confianza en la capacidad “regeneradora” del discurso explícito, de generar transformación social, es decir, en la eficacia política del trabajo comprometido, tal como se puede entrever en la discusión con Manuel Delgado: http://manueldelgadoruiz.blogspot.com.es/2010/03/la-inutilidad-de-la-accion-necesa.html

El trabajo de las IdeaDestroyingMuros comparte una estética y una ideología con el de otras artistas posporno, como Diana Pornoterrorista (que es, quizás, la cabeza más visible del movimiento) y otras compañeras, en un movimiento que en el Estado español tiene su escena privilegiada en Barcelona. Participa también de las contradicciones del ámbito posporno-punk: su necesidad de profesionalizarse, que rompe con el capital simbólico de la marginalidad y a menudo les obliga a recurrir al cinismo (algo que ha pasado en buena parte del arte con un compromiso político).

Volviendo al Kabaret, el repertorio gestual es cómico y desafiante, generalmente siguiendo clichés del género: acciones sobre la silla, desnudo y cambio de ropas, saltos aguantándose los pechos desnudos, flexiones, flexión de piernas a manera de bicicleta…

En un momento determinado cambia la música y asistimos a una suerte de segunda parte. También cambian la ropa y hay pequeños desplazamientos en la situación de las chicas sobre la escena. Las artistas inician movimientos y sonidos repetitivos, ahora ya alejados del texto, puramente rítmicos. Todo ello deriva hacia una suerte de música electrónica que bailan individualizadamente. Van muy justas de espacio. Se trata ahora de hip hop, es decir, de una vuelta al texto que siguen ilustrando con el gesto. Aparece también un estribillo que el público corea sin problemas: “Las Battonz ya están aquí/ y vienen a por ti./ Las Battonz ya están aquí/ y te ponen el culo así”. Una amiga que me acompaña me pregunta por qué se la saben todxs, y de hecho en un momento determinado ellas mismas ironizan sobre el hecho de que muchxs espectadorxs son veteranxs en el Battonz Kabaret. En el texto se dicen a sí mismas “extravagantes, sucias e infames”, siguiendo con el personaje inspirado por Valerie Solanas: prostituta, loca, mendiga… Hablan de su base “criminal y anal”. También hablan de un programa social que llevará a abolir el dinero y a desarrollar la autogestión.

 

Para su análisis puede ser interesante comparar su trabajo con el de otro grupo de arte político: el del Grupo Fiambrera. Mientras que IdeaDestroyingMuros basa su carga política en el contenido textual y en las actitudes corporales (desnudos, sexo explícito…) de las artistas, la Fiambrera apostaba por trabajar directamente con los colectivos activistas, en concreto utilizando las propias protestas como herramientas creativas –en lo que ellos llamaron “arte colaborativo”. Se trata de dos formas distintas de lucha política: la de la identidad, por una parte, y la de la acción política directa, por la otra. Una y otra vía comparten el hecho de funcionar como referentes simbólicos, identitarios de sus respectivos campos de acción: el del feminismo queer en el primero y el de las luchas urbanas contra la especulación en el momento álgido del movimiento altermundista.

El grupo Fiambrera fue un equipo de trabajo inclusivo, abierto, que cuestionaba la institución arte –por más que en determinados momentos se valiera de ella y de sus aparatos, a menudo mediante un discurso cínico. IdeaDestroyingMuros es un grupo cerrado, un equipo que trabaja tanto como puede, posiblemente intentando sobrevivir de su actividad artística (que incluye trabajos individuales de pintura, vídeo, instalación…). En este sentido, comparten estrategia con los llamados “microformatos”, trabajos escénicos (teatro, danza…) ubicuos, transportables, sin necesidades específicas en cuanto a espacio, iluminación, escenografía, etc. Los microformatos, bien reconocidos por la crítica y los medios de comunicación, y protagonistas en festivales, introducen una ambigüedad: por una parte permiten ensayar nuevos modos de acción, pero por la otra son también una forma de adaptación a las condiciones desfavorables del mercado, una manera de hacer pervivir la industria cultural. No es extraño que a veces estos microformatos sean revisiones del repertorio en los que ha participado la tijera; una forma de precariedad indeseada, un mal menor.

Tanto IdeaD… como la Fiambrera coinciden en el hecho de ser reconocidos en el campo social por sus compañeros en los respectivos movimientos sociales. Las primeras son bien reconocidas por un cierto feminismo en tanto que representantes del movimiento postporno; por ejemplo, son populares en las comisiones transgénero valencianas surgidas del movimiento 15-M. Tanto en estos como en los grupos altermundistas y en los llamados novísimos movimientos sociales, se trata de redes críticas que practican formas de protesta estetizada, mediática y vinculante-identitaria.

También comparten una actitud bohemia, fruto de su posición dominada en el campo artístico, una forma de vida de artista. La Fiambrera atacaba directamente el lenguaje de la protesta de las agrupaciones cívicas, en cambio IdeaD… se mantiene en el espacio de lo simbólico, y su popularidad podría no ser más que una moda, en camino de agotarse en su marginalidad o convertirse en “vanguardia consagrada”, lo cual suscitaría antipatías del polo dominado tanto en el campo artístico como social. La pregunta es si podrían sobrevivir sin su base contestataria, en el ámbito del arte profesional o de la industria cultural.

 

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